Existió una vez, hace mucho tiempo, un lazo entre dos ancianos campesinos que, aun a pesar de su edad, querían tener el hijo que no pudieron tener en su juventud. Le rogaron al Shaman del poblado que les ayudase a engendrar un niño. Éste, les dio una semilla y les dijo que deberían plantarla una noche de Luna menguante y regarla con agua, leche y unas gotas de su propia sangre. Esa noche, había luna menguante, y el viejo matrimonio enterró la semilla en la tierra, cuidando de regarla con agua y leche, no obstante, pensaron que no era necesario sentir el dolor del corte en sus manos y no añadieron ni una sola gota de su sangre a la tierra.
Al amanecer, cuando se despertaron y salieron al jardín, asombrados, contemplaron un gigantesco roble, que, en cuyo centro, albergaba un amasijo de raíces que protegían lo que parecía un pequeño cuerpo. El viejo matrimonio cortó las raíces que lo envolvían y descubrieron a un niño de cabello moreno, y unos ojos enormes de un negro tan profundo como si retuvieran dentro un abismo, acentuados por una piel increíblemente pálida.
Los ancianos, felices y llenos de amor y cariño, cuidaron al niño y este pronto creció, sin embargo, había algo que les preocupaba, y era que el niño parecía no ver, ni oír, aunque parecía percibir el mundo por algún sentido interno innato, y cuando hablaba, lo hacía con una voz neutra, sin expresividad alguna.
Preocupados los ancianos, fueron a consultar al Shaman.
Cuando el Shaman tuvo delante al niño, con un afilado cuchillo, y ante la atónita mirada de los ancianos, cortó el pecho del pequeño, dejando ver sus entrañas, y en el centro de su cuerpo, una diminuta manzana color verde. Entonces habló:
-Su corazón no ha sido capaz de madurar, en la noche que engendró, olvidasteis la gota de sangre que le haría fluir y sentir. Ahora, me temo, es demasiado tarde, pues su corazón crecerá, pero jamás encontrará la motivación que le hará latir.
Entonces, el cuerpo del niño volvió a cerrarse, y el Shaman, habiendo cumplido la encomienda, se evaporó.


2 comentarios:
¿Lo has escrito tú? Parece una historia estilo Las mil y una noches o algo así.
Pobre niño sin corazón.
Lo he escrito yo.
Sí, pobre niño..
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