jueves, 23 de julio de 2009

Cambio

Cerraste los ojos y ahí te quedaste inmóvil durante un buen rato, con los brazos extendidos y los dedos rozando el cielo.
Cuando los abriste sonreías y resplandecías como una de aquellas estrellas a las que apuntabas inconscientemente.
Me miraste. Acababas de hacer una promesa.