martes, 1 de marzo de 2011

El dolor más profundo, clavado como un cuchillo afilado, directamente en el corazón, petrificado durante un invierno en el que las calles de Madrid estaban siempre envueltas en una luz grisácea, lluviosa y enfermiza.
Y quién no se enamoraría de un invierno eterno, de una oscuridad plagada de belleza… La belleza puede llegar a ser monstruosa, monstruosa y envolvente, como un torbellino de grandeza, de ambición…
Y su mente enferma, plagada de fantasmas y de imposibles, matando su corazón, entregado a cuatro paredes torturadas por todas las almas que se quedaron cautivadas por el abismo del que os hablo. Un ente que se queda con todas y cada una de esas muertes, se alimenta, y se hace aterrador…
Y tus ojos mostraban ese brillo, cautivado como yo me cautivé de tí, de esa oscuridad envolvente, de esa frialdad, de esos dibujos en las paredes, dejaste de ver la realidad y despreciaste lo vivo, fundiéndote con un mundo que te envenenaba la mente y consumía rápidamente tu cuerpo, tanto como a mí me consumía tu presencia. Me acariciabas el cuerpo desnudo y despreciabas después tus manos, dignándote a besarme y rendirte a un ligero atisbo de amor, no, jamás de amor, de placer, de morbosidad... Y luego volvías a desdoblarte y te desvanecías con la luz azul-marina; bello, como siempre, inalcanzable, como siempre. Muerta por amor y desesperación, capaz de ofrecerte mi cuerpo si con ello satisfacía tu apetito y quizás amarrarte entre mis lazos para salvarte del abismo, no podías más que pasear tu lengua sobre mi piel sin poder ceder el ardor de tus ojos y abandonar aquella locura.


Y cuando por fin te diste cuenta de que la muerte quiere aparentar belleza solo para beberse tu alma, cuando encontraste llorando arrinconado, temblando de frío, al niño de tus entrañas, cuando te viste frágil y desprovisto del poder que creías tener, me dejaste tan rota y exhausta que ya no pude quererte.

La nieve de Madrid se derritió. Las calles de Madrid tienen otro matiz cuando no fluye amor enfermo y ciego por la sangre…. Y el olvido consume a aquella alma que conocí y de la que me enamoré, que se quedó atormentada entre los desgarros de las paredes y aquella oscuridad perlina y brillante, capaz de violar la realidad y sacarte el corazón con sus propias manos….

Y como si de un sueño se tratase, me guardo entre mis manos y mis labios, el sabor de nuestro secreto.