lunes, 12 de octubre de 2009

Final definitivo. Soledad

Aun recuerdo aquel árbol de mi jardín, de tronco firme y largas ramas vestidas de hojas de violáceo color, haciéndole excepcionalmente bello cuando, en los días de tiempo revuelto, veías resistirse a cada una de ellas a dejarse llevar por los caprichos del viento.

Recuerdo también aquel otoño, en que, como de costumbre, salí a contemplarlo y a admirar el esplendor y brillante colorido de sus hojas frente al semblante mortecino de todas las demás. No pude creer lo que ví cuando lo alcancé a mirar: El árbol había perdido todas sus hojas, quedando solamente una única de ellas en el extremo de la rama más alta.

El invierno llegó: Fuertes nevadas, lluvias y ventiscas amenazaron con arrancar al árbol de cuajo, pero éste resistió junto a su única hoja hospedada en lo más alto.

No obstante, uno de aquellos días, una leve brisa acarició a la hoja que, en un movimiento casi imperceptible, se soltó.

El árbol tardó en morir a penas unos días.

2 comentarios:

Flowher dijo...

Comparándolo con personas, es sorprendente como podemos aguantar injusticias dolorosas a millones de seres humanos, pero la pérdida de alguien nos puede destrozar...
Es como la palmera que se dobla pero agunata el huracán, hasta que un rayo la parte.
saludos! :)

Seven Cyanidè dijo...

Es casi imposible vivir en soledad... especialmente cuando se pierde a quien estuvo tan cerca en todos los tiempos sin importar las circunstancias.
Un beso, y por cierto, me encantó el texto.