sábado, 17 de abril de 2010

Grito de Mandrágora

Noche oscura, iluminada por la luz de estrellas parpadeantes.
A lo lejos, escucho el galopar de un alma corrompida, le brillan los ojos, se le revuelve el negro pelo. Sonríe, puntiagudos colmillos se asoman entre sus comisuras. Ríe, no se da cuenta, pero despierta a la luna, que acunada en las alturas, lo observa y es testigo de esta injusticia.
Sus manos agarran mis cabellos y tiran con ferocidad, siento mi vida arrinconarse en la tierra que me rodea, negándose a salir. Sus pies se hincan profundamente, dolor, empiezo a sentirle, sufro. Mis entrañas se revelan, mil estacas sobre su oído caen como una lluvia de alfileres en su tímpano, le quemo, lo sé, cierra los ojos, aprieta los colmillos, aguanta mi alarido, y se obliga a ensordecer.
Tira otra vez, y me saca de la naturaleza, me enclaustra, me fulmina, mis raíces lloran y mi aullido no tiene respuesta.

Arráncame de mis orígenes, viola mi tierra, pero cuando quieras ahogarme en leche y vino solo recuerda, que cada noche escucharás mi agónico grito y te haré enloquecer cada noche un poco más hasta conseguir llevarte al suicidio.

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