Lancé una moneda a ese oscuro pozo de la montaña. No obtuve ningún eco como respuesta.
Quizás ensordecí.
Quizás ese pozo no tenía fondo.
Qué importa lo que ocurriese, el río donde yo me bañaba de niña sigue seco aún. Quizás cuando la moneda toque el suelo yo vuelva a escuchar de nuevo el agua fluir.
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2 comentarios:
O quizá te des cuenta de que no querías oír, y por eso sentías que el agua había dejado de fluir.
Un beso!
Me encanta.
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