jueves, 25 de noviembre de 2010

La araña y la mosca

Como la mosca atrapada en la pegajosa telaraña, a apenas un segundo de morir, que es milagrosamente liberada por los numerosos descuidos en el tejer de la araña, no puede más si no vivir sus últimas horas consumida en su pequeña estructura envenenada.

Araña de hábil tejer, ¿Por qué no atrapas a esa bella mariposa a la cual no tendrás que capturar ni envolver entre tus fuertes telarañas, pues se doblegará ante ellas, como todos los bichos cautivados por tu enigmática apariencia? ¿Por qué, si es más bella que la mosca, no ansías más que alimentarte de la horrible fisionomía de ésta? ¿Por qué, pudiendo tener a una hermosa mariposa te conformas con esa destartalada mosca?

Finalmente la araña se enamoró de la bella mariposa. De la mosca solo se supo que sobrevivió a la poderosa ponzoña y entendió que el amor de la araña sólo podía ser correspondido por un insecto de majestuosa belleza, ya que de no ser así, la araña transforma en su prisión en veneno, cualquier atisbo de amor.

martes, 23 de noviembre de 2010

El cántaro roto

Finalmente y después de dos años, rompió mi recio cántaro el agua que caía con furia y velocidad desde aquella fuente que tomaba su fría esencia del deshielo de la montaña.
Cuando dejé de ir a por agua, la fuente se secó.

O eso creo yo, pues nunca fui a comprobarlo, mi cántaro en pedazos no podía albergar ni una sola gota que aliviara mi sed y mi boca se negaba a beber ni una sola gota más de aquella agua gélida y devastadora.

lunes, 4 de octubre de 2010

Quizás

Lancé una moneda a ese oscuro pozo de la montaña. No obtuve ningún eco como respuesta.
Quizás ensordecí.
Quizás ese pozo no tenía fondo.

Qué importa lo que ocurriese, el río donde yo me bañaba de niña sigue seco aún. Quizás cuando la moneda toque el suelo yo vuelva a escuchar de nuevo el agua fluir.

sábado, 17 de abril de 2010

Grito de Mandrágora

Noche oscura, iluminada por la luz de estrellas parpadeantes.
A lo lejos, escucho el galopar de un alma corrompida, le brillan los ojos, se le revuelve el negro pelo. Sonríe, puntiagudos colmillos se asoman entre sus comisuras. Ríe, no se da cuenta, pero despierta a la luna, que acunada en las alturas, lo observa y es testigo de esta injusticia.
Sus manos agarran mis cabellos y tiran con ferocidad, siento mi vida arrinconarse en la tierra que me rodea, negándose a salir. Sus pies se hincan profundamente, dolor, empiezo a sentirle, sufro. Mis entrañas se revelan, mil estacas sobre su oído caen como una lluvia de alfileres en su tímpano, le quemo, lo sé, cierra los ojos, aprieta los colmillos, aguanta mi alarido, y se obliga a ensordecer.
Tira otra vez, y me saca de la naturaleza, me enclaustra, me fulmina, mis raíces lloran y mi aullido no tiene respuesta.

Arráncame de mis orígenes, viola mi tierra, pero cuando quieras ahogarme en leche y vino solo recuerda, que cada noche escucharás mi agónico grito y te haré enloquecer cada noche un poco más hasta conseguir llevarte al suicidio.

El manzano

Vivía, en aquel pequeño pueblo, un anciano de dulce corazón. Poseía éste un gran jardín repleto de bellas flores de magnífico olor, de frondosas y verdes madreselvas que trepaban por la frágil tapia que lo rodeaba, pero, sobretodo, un manzano. Un manzano enorme, de poderoso tronco y largas ramas cuajadas de unas joyas frutales, rojas, brillantes y hermosas.

Era tal la grandiosidad de este manzano, que además de ser asiduamente contemplado, era el objetivo de pequeños e inocentes hurtos, cometidos sobretodo por algunos niños, que deseaban probar un bocado de aquellos frutos que colgaban de sus ramas.
El anciano solía observar desde su ventana cada uno de esos pequeños actos y su corazón se endulzaba cada vez más, a medida que veía a los niños felices saboreando el delicioso sabor de aquellas manzanas.

Una mañana, se asomó a la ventana tan solo para no dar crédito a lo que vio: En su árbol no quedaba una mísera manzana, y las ramas de éste habían sido violentamente serradas.

(...)

Dicen que en un pequeño pueblo existía un árbol, que era capaz de dar divinos frutos de dulcísimo y único sabor, incomparables a los de cualquier otro manzano. Dicen, porque ya no saben lo que hay, porque quien se acerca se encuentra con muro de piedra tan alto que ni los pájaros alcanzan a sobrevolar; según dicen, que su dueño, un anciano de amargo corazón, construyó para que nunca nadie probase sus manzanas.

¿Seguirá viviendo aquel manzano, o moriría al dejar de ser contemplado, o quizás debilitado, al quedarse sin ramas y frutos sagrados…?

sábado, 20 de marzo de 2010

Olvídame, mañana.

Negros ojos negros
El mundo se cierra
bajo tus largas pestañas.
Verlas quisiera
cubiertas de lluvia
tan densa y tan oscura
como tu oscura y densa mirada.
Negros ojos negros
que resucitan en mi
cuando abres tus largas pestañas.





No puedo dejar de repetirme "Negros ojos negros", cortesía de Miguel Hernández, por lo que ésto lo escribí inspirada por el suyo propio, que empieza también así.

domingo, 14 de marzo de 2010

Follow your map.

De entre la fría nieve, surgía una débil llama, que feroz y angustiada, luchaba sin descanso por no morir congelada.
Cada fino copo, una parte apagaba, hasta que finalmente, tras una densa capa quedó sepultada.
Lo que nadie sabía, es que debajo de toda esa blancura helada, debajo ésta se hallaba, que se negaba ante cada nueva capa de nieve, a sentirse finalmente consumada. Es por ello que pervivió en lo más hondo, siendo tomada como un bello recuerdo, pero sin ser nunca olvidada.