lunes, 21 de marzo de 2011

Nace siendo artista.
Muere siendo un loco, un excéntrico, un incomprendido, un raro, un solitario, un paranoico...

martes, 1 de marzo de 2011

El dolor más profundo, clavado como un cuchillo afilado, directamente en el corazón, petrificado durante un invierno en el que las calles de Madrid estaban siempre envueltas en una luz grisácea, lluviosa y enfermiza.
Y quién no se enamoraría de un invierno eterno, de una oscuridad plagada de belleza… La belleza puede llegar a ser monstruosa, monstruosa y envolvente, como un torbellino de grandeza, de ambición…
Y su mente enferma, plagada de fantasmas y de imposibles, matando su corazón, entregado a cuatro paredes torturadas por todas las almas que se quedaron cautivadas por el abismo del que os hablo. Un ente que se queda con todas y cada una de esas muertes, se alimenta, y se hace aterrador…
Y tus ojos mostraban ese brillo, cautivado como yo me cautivé de tí, de esa oscuridad envolvente, de esa frialdad, de esos dibujos en las paredes, dejaste de ver la realidad y despreciaste lo vivo, fundiéndote con un mundo que te envenenaba la mente y consumía rápidamente tu cuerpo, tanto como a mí me consumía tu presencia. Me acariciabas el cuerpo desnudo y despreciabas después tus manos, dignándote a besarme y rendirte a un ligero atisbo de amor, no, jamás de amor, de placer, de morbosidad... Y luego volvías a desdoblarte y te desvanecías con la luz azul-marina; bello, como siempre, inalcanzable, como siempre. Muerta por amor y desesperación, capaz de ofrecerte mi cuerpo si con ello satisfacía tu apetito y quizás amarrarte entre mis lazos para salvarte del abismo, no podías más que pasear tu lengua sobre mi piel sin poder ceder el ardor de tus ojos y abandonar aquella locura.


Y cuando por fin te diste cuenta de que la muerte quiere aparentar belleza solo para beberse tu alma, cuando encontraste llorando arrinconado, temblando de frío, al niño de tus entrañas, cuando te viste frágil y desprovisto del poder que creías tener, me dejaste tan rota y exhausta que ya no pude quererte.

La nieve de Madrid se derritió. Las calles de Madrid tienen otro matiz cuando no fluye amor enfermo y ciego por la sangre…. Y el olvido consume a aquella alma que conocí y de la que me enamoré, que se quedó atormentada entre los desgarros de las paredes y aquella oscuridad perlina y brillante, capaz de violar la realidad y sacarte el corazón con sus propias manos….

Y como si de un sueño se tratase, me guardo entre mis manos y mis labios, el sabor de nuestro secreto.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Despedida

Espero haber tomado la decisión correcta. Nunca lo sabré.



Hasta siempre, chico de ojos oscuros y llaves en el cuello... Sé feliz, siempre tendrás un hueco en mi corazón.

jueves, 25 de noviembre de 2010

La araña y la mosca

Como la mosca atrapada en la pegajosa telaraña, a apenas un segundo de morir, que es milagrosamente liberada por los numerosos descuidos en el tejer de la araña, no puede más si no vivir sus últimas horas consumida en su pequeña estructura envenenada.

Araña de hábil tejer, ¿Por qué no atrapas a esa bella mariposa a la cual no tendrás que capturar ni envolver entre tus fuertes telarañas, pues se doblegará ante ellas, como todos los bichos cautivados por tu enigmática apariencia? ¿Por qué, si es más bella que la mosca, no ansías más que alimentarte de la horrible fisionomía de ésta? ¿Por qué, pudiendo tener a una hermosa mariposa te conformas con esa destartalada mosca?

Finalmente la araña se enamoró de la bella mariposa. De la mosca solo se supo que sobrevivió a la poderosa ponzoña y entendió que el amor de la araña sólo podía ser correspondido por un insecto de majestuosa belleza, ya que de no ser así, la araña transforma en su prisión en veneno, cualquier atisbo de amor.

martes, 23 de noviembre de 2010

El cántaro roto

Finalmente y después de dos años, rompió mi recio cántaro el agua que caía con furia y velocidad desde aquella fuente que tomaba su fría esencia del deshielo de la montaña.
Cuando dejé de ir a por agua, la fuente se secó.

O eso creo yo, pues nunca fui a comprobarlo, mi cántaro en pedazos no podía albergar ni una sola gota que aliviara mi sed y mi boca se negaba a beber ni una sola gota más de aquella agua gélida y devastadora.

lunes, 4 de octubre de 2010

Quizás

Lancé una moneda a ese oscuro pozo de la montaña. No obtuve ningún eco como respuesta.
Quizás ensordecí.
Quizás ese pozo no tenía fondo.

Qué importa lo que ocurriese, el río donde yo me bañaba de niña sigue seco aún. Quizás cuando la moneda toque el suelo yo vuelva a escuchar de nuevo el agua fluir.

sábado, 17 de abril de 2010

Grito de Mandrágora

Noche oscura, iluminada por la luz de estrellas parpadeantes.
A lo lejos, escucho el galopar de un alma corrompida, le brillan los ojos, se le revuelve el negro pelo. Sonríe, puntiagudos colmillos se asoman entre sus comisuras. Ríe, no se da cuenta, pero despierta a la luna, que acunada en las alturas, lo observa y es testigo de esta injusticia.
Sus manos agarran mis cabellos y tiran con ferocidad, siento mi vida arrinconarse en la tierra que me rodea, negándose a salir. Sus pies se hincan profundamente, dolor, empiezo a sentirle, sufro. Mis entrañas se revelan, mil estacas sobre su oído caen como una lluvia de alfileres en su tímpano, le quemo, lo sé, cierra los ojos, aprieta los colmillos, aguanta mi alarido, y se obliga a ensordecer.
Tira otra vez, y me saca de la naturaleza, me enclaustra, me fulmina, mis raíces lloran y mi aullido no tiene respuesta.

Arráncame de mis orígenes, viola mi tierra, pero cuando quieras ahogarme en leche y vino solo recuerda, que cada noche escucharás mi agónico grito y te haré enloquecer cada noche un poco más hasta conseguir llevarte al suicidio.